Diario de una estudiante » ¡Estudiando la MBFW Madrid!

3 abril 2018

¡Estudiando la MBFW Madrid!

Del 25 al 29 de enero de 2018 se celebró la Mercedes Benz Fashion Week en Madrid. Adelantada, con la idea de atraer más prensa extranjera que pudiera desplazarse para asistir a los desfiles de Alta Costura de París y para evitar que coincidiera con la semana de la moda de Londres, contó con una media de ocho diseñadores al día. Nervios a flor de piel y muchos interesados en entrar a ver los desfiles desde el Cibelespacio, al que se puede acceder con un tipo de invitación, pero ésta no te permite acceder a los desfiles.


Dos salas, Bertha y Mercedes, con dos puertas: una para personas con entrada y otra para personas sin ella que sueñan con que los que sí tienen no vayan, o al menos, vayan sin su ‘más uno’. Los hay que deambulan por el Cibelespacio preguntando si a alguien le sobran entradas… Los hay que van por compromiso, y han ido tantas veces que irradian prisa y ganas de que el desfile acabe. Puedo decir que el sábado esperé dos horas para el desfile de Teresa Helbig sin que se abrieran las puertas para gente sin entrada. Pero puedo decir también que una señora muy agradable en el ropero me vio tan interesada que me ofreció entrar con ella a Malne y ser su ‘más uno’.


Un sistema demasiado complicado que podría estar generando una experiencia de marca negativa. ¿Lo mínimo? Pantallas gigantes en varios puntos del Ciberespacio para seguir los desfiles en tiempo real, con la música del desfile en directo. ¡Qué se pare el tiempo! Que para eso estamos celebrando la #modaespañola. ¿Otra opción? Un sistema de compra de entradas que permita a quien quiera ir y se desplace tener la posibilidad efectiva de entrar. El número de entradas a la venta puede ser reducido, y acabar satisfaciendo a los más despiertos que esperan con ansia la apertura de la venta; o se podría pedir una pequeña presentación acompañada de una motivación y reservar una serie de entradas gratuitas para aquellos que la organización considere relevantes; pero dejar fuera a gente con ganas de ver moda, entenderla y hablar sobre ella es una oportunidad perdida. Una muy buena manera de contrarrestar lo complicado del sistema es la página web de la MBFWM, donde pueden verse todos los desfiles al final de la jornada, os dejo el link.

Por otro lado, la Escuela de Moda ELLE pudo conseguir entradas para algunos desfiles para algunos de sus alumnos, y así tuve la suerte de poder ir un segundo día para ver el desfile de Paloma Suárez.


La experiencia de una persona que entra a un desfile es mágica: los nervios antes de que empiece, las luces apagadas que te hacen saber que algo grande se está preparando en bambalinas, las modelos y su mirada al frente con la fuerza de quien se sabe portadora de una primicia, la humildad de los creadores al salir a saludar. Grabar y sacar fotos es casi una obligación, con el riesgo de perderte las texturas y los colores de los tejidos. Yo sentí que la cámara me alejaba de lo que veía, así que decidí dejar de grabar.

Para los que entran a los desfiles, las posibilidades se amplían y pueden ofrecerte pasar a la Kissing Room. Es una idea muy bonita porque es posible hablar con los diseñadores y con otros asistentes al desfile. Me faltó una rueda de prensa en esa sala, nada más salir, en la que se pregunte a los diseñadores cómo han vivido el desfile, su fuente de inspiración y el balance que hacen de su presencia en la feria, entre otras cosas. Los deliciosos cócteles pueden repartirse durante, o después. Os dejo una imagen de Paloma Suárez en el photocall junto a Javier González, diseñador de Úrde Studio, con el que desfiló.

 


En el desfile de Malne pude ver mucha garra, mujeres que confían en sí mismas y que por eso llevan cuero negro, transparencias y brillos con elegancia y deportivas. En el desfile de Paloma Suárez, pude ver una propuesta poco relacionada con su colección anterior y el uso de tejidos arriesgados cargados de color. Eché de menos su origen en las prendas: Paloma empezó en la moda siendo una adolescente pintando zapatillas y me faltaron sus trazos arriesgados y rompedores. Podéis ver algunas prendas de su colección anterior en las tres fotos que os dejo a continuación. Para ver la nueva, look a look, os remito a su Instagram. Pese a la diferencia en la propuesta, su marca está muy bien definida: sensibilidad, perseverancia y fe en los sueños, con una fuerte impronta social al contar en sus talleres con personas con habilidades especiales y al dedicar su colección de joyas íntegramente a la lucha contra el cáncer de mama.

Es un placer ver el apoyo a la moda española y a sus jóvenes diseñadores, gracias a Samsung EGO; espero que esta iniciativa se mantenga y crezca a lo largo del tiempo.


Para el que no puede entrar a los desfiles, ni tampoco a la Kissing Room, también hay magia. Maravillosos ejemplos de streetstyle, personas que añaden un extra de creatividad a su look, posibilidad de comprar piezas de los diseñadores más jóvenes, información sobre escuelas de moda, revistas y por qué no, la posibilidad de subirte a un simulador de montaña rusa. Os dejo la entrada a la Kissing Room, para que podáis reconocerla en el futuro cuando os la ofrezcan, y unos pendientes que me enamoraron de Euphemio Fernández. Este es su Instagram.

El espacio de Desigual ‘Undress’ diseñado para hablar del futuro de la moda española a través de personas claves de la industria, y el espacio de Ecoembes, donde tocar los tejidos reciclados fue realmente inspirador, me dejaron un muy buen sabor de boca y me refrescaron esa idea que ya nos han compartido en el Diploma de Marketing y Comunicación de Moda y Lujo de la Escuela de que ‘La moda será verde o no será’. Pude sentir cómo me gustaría ser parte de esa transición.

Más información sobre ‘Undress by Desigual’  y sobre Ecoembes y la moda sostenible.

¿Intrigado sobre los outfits que me puse para ir? Los publiqué en mi blog.

¡Gracias por leer esta entrada!

Leticia Vicario. Diploma Marketing y Comunicación de Moda y Lujo.


1 comentario

  • 1. José Marín  |  19 abril 2018 - 13:59

    Una pasarela preciosa, cuidado hasta el último detalle como los exteriores del recinto que tenían unos toldos fabulosos

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